Marzo de 2026 quedará marcado como un punto de inflexión para la geopolítica global. La escalada militar conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán ha traspasado la línea de ser un conflicto regional más para convertirse en un catalizador de una crisis logística y energética de proporciones. La comunidad internacional, que aún lidia con las secuelas de la pandemia y las tensiones previas en el Mar Rojo, observa con preocupación cómo se cierra el grifo del comercio en su punto más neurálgico.
El Efecto Inmediato: El Precio del Petróleo y el Colapso de las Rutas Marítimas
El primer y más evidente impacto ha sido sobre los precios de la energía. La ofensiva y la consiguiente respuesta iraní han puesto al Estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado (LNG), en el ojo de la tormenta. El temor a un cierre total o a ataques a buques cisterna ha disparado el precio del crudo por encima de los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, y las proyecciones de los analistas no descartan llegar a los 150 dólares si la interrupción se prolonga .
Sin embargo, el shock no es solo energético. La logística global ha entrado en un estado de parálisis preventiva. Gigantes del transporte como Maersk, MSC y CMA CGM han suspendido temporalmente las travesías por el Estrecho de Ormuz y desviado sus rutas . Esto implica un retorno forzoso a la ruta del Cabo de Buena Esperanza, al sur de África, alargando los viajes en miles de millas náuticas y entre 10 y 20 días. Este desvío, que ya se había convertido en una pesadilla logística por los ataques en el Mar Rojo, ahora se normaliza como la nueva realidad, incrementando exponencialmente los costos de flete, los seguros y los tiempos de tránsito .
El golpe se siente en todas las cadenas de suministro. Las navieras han comenzado a aplicar Recargos por Riesgo de Guerra (WRS) que pueden alcanzar los 3.500 dólares por contenedor refrigerado, encareciendo drásticamente el transporte de mercancías perecederas y de alto valor .
Proyección Global a 6 Meses: Un Nuevo Orden Logístico
A seis meses vista, el escenario que se dibuja es el de una fragmentación comercial y una inflación de costos estructural. Lo que antes era una optimización de rutas y costos, se ha convertido en un ejercicio de gestión de riesgos geopolíticos.
1. Reconfiguración de Cadenas de Suministro: Las empresas que dependían de “just-in-time” se verán forzadas a aumentar sus inventarios de seguridad, encareciendo el capital de trabajo. La fiabilidad de las rutas que pasan por Oriente Medio quedará en entredicho, incentivando la búsqueda de proveedores más cercanos (nearshoring) o en regiones políticamente estables.
2. Presión Inflacionaria Sostenida: El alza en los costos de flete y energía no será un pico transitorio. Si el conflicto persiste, estos sobrecostos se incorporarán a la estructura de precios del transporte, impactando directamente en los precios al consumidor final y ralentizando el crecimiento económico global .
3. Crisis Energética y de Materias Primas: La volatilidad en el precio del petróleo será la norma. Pero el foco de atención también estará en el mercado de fertilizantes. Irán y sus vecinos son actores clave en la exportación de urea, amoníaco y azufre. Una disrupción prolongada en Ormuz significa una contracción en la oferta global de fertilizantes, lo que, en los próximos meses, impactará directamente en las campañas agrícolas del hemisferio norte y sur, amenazando la producción de alimentos .
Latinoamérica y Chile: Entre la Oportunidad y la Vulnerabilidad
Para América Latina, la crisis actúa como un filtro que magnifica sus vulnerabilidades estructurales, pero también abre ventanas de oportunidad. El impacto en los próximos seis meses será heterogéneo y estará marcado por el tipo de producto y la dependencia energética.
Chile: El Dilema del Transporte y la Energía
En el corto plazo, las autoridades chilenas han intentado calmar las aguas señalando que el impacto directo en los puertos será limitado, dado que el intercambio con los países beligerantes es marginal . Sin embargo, la visión de los especialistas privados matiza este optimismo inicial. Ignacio Mieres, de XTB Latam, advierte que el principal riesgo para Chile es energético. Al depender casi totalmente de combustibles importados, cualquier alza sostenida del petróleo se traduce en bencina y diésel más caros, afectando el transporte interno y la distribución de alimentos .
El mayor impacto para Chile en los próximos seis meses vendrá por el lado de los insumos. La fruticultura, pilar de la economía chilena, necesita fertilizantes, plásticos para embalaje y maquinaria. Si los costos de flete se disparan y los fertilizantes escasean por el conflicto, la próxima temporada agrícola enfrentará un aumento en sus costos de producción. Esto, sumado a un dólar más alto por la incertidumbre global, generará una tormenta perfecta que podría trasladarse al precio de las frutas y verduras en las ferias y supermercados chilenos hacia finales de año .
Brasil y la Región: El Gigante Agropecuario Bajo Presión
El caso de Brasil es aún más elocuente. Como gran exportador de carnes, el conflicto es un dolor de cabeza logístico. El 25% del pollo brasileño tiene como destino Medio Oriente . Con las rutas bloqueadas, los exportadores brasileños se enfrentan a un dilema: asumir los altísimos costos de rodear África (Cabo de Buena Esperanza) o buscar rutas alternativas por Turquía o puertos en Omán, todas más caras y lentas .
Pero el talón de Aquiles es, nuevamente, el fertilizante. Brasil importa alrededor del 85% de sus fertilizantes, siendo Irán un proveedor clave de urea. La Asociación Brasileña de la Industria Química (Abiquim) ya ha encendido las alarmas: el conflicto impactará directamente en los costos de los fertilizantes nitrogenados, presionando los precios de la soja, el maíz y el algodón en los meses venideros .
A esto se suma el mercado de los polímeros. Latinoamérica es un importador neto de polietileno y polipropileno, fundamentales para la industria del plástico. Con los principales proveedores de Medio Oriente paralizados o con fletes prohibitivos, la oferta se contraerá y los precios industriales subirán, afectando desde el embalaje hasta la construcción .
El Fin de una Era de Estabilidad Logística
La ofensiva sobre Irán en marzo de 2026 no es un episodio más, sino el síntoma de una nueva era de inestabilidad crónica para el comercio internacional. Para Chile y Latinoamérica, la “licuadora” de costos (fletes + energía + insumos) estará girando a máxima velocidad en los próximos seis meses. La región enfrentará el desafío de contener la inflación interna mientras sus sectores exportadores más dinámicos luchan por mantener la competitividad en un mundo donde la ruta más corta ya no es la más segura, y donde la seguridad energética y alimentaria vuelve a estar en el centro de la agenda de todos los gobiernos.