La nueva factura del carbono: cómo impacta en dólares a los fletes marítimos de Chile
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Si envías cobre, fruta, vino o salmón desde los puertos de San Antonio, Valparaíso o Antofagasta con destino a Europa, probablemente ya notaste un ítem extra en tus cotizaciones durante los últimos meses. No se trata de una alza estacional ni de un ajuste por conflicto geopolítico.
Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que se paga por transportar carga por mar, y Chile, como la principal puerta de salida del Pacífico Sur hacia el viejo continente, está en el centro de esta transformación. La Unión Europea ya aplica plenamente su sistema de comercio de emisiones (EU ETS) al transporte marítimo, y para las rutas que conectan Chile con puertos como Rotterdam, Hamburgo o Algeciras, el impacto en los costos es tangible y medible en dólares.
¿Qué está pagando realmente el exportador chileno?
Desde enero de 2026, el esquema europeo exige que las navieras reporten y paguen por el carbono emitido en el 70% de los viajes internacionales que tocan sus puertos. Y atención, porque ese porcentaje llegará al 100% en 2027. Para un contenedor que sale de San Antonio hacia Valencia, esto significa que la naviera debe comprar derechos de emisión por la mitad del trayecto, ya que la regulación aplica al 50% de las emisiones de viajes extracomunitarios. Pero la otra mitad no es gratuita: el mercado de carbono europeo ha operado en rangos cercanos a los 92 o 93 dólares por tonelada de CO₂ durante el primer trimestre de 2026, aunque con picos que han superado los 100 dólares en momentos de alta demanda.
Un ejemplo concreto te ayudará a dimensionar el impacto. Un buque portacontenedores de última generación emite aproximadamente 70 gramos de CO₂ por contenedor transportado por kilómetro navegado. En la ruta de 12.000 kilómetros que separa Valparaíso de Amberes, las emisiones atribuibles al tramo cubierto por el EU ETS equivalen a unos 420 kilogramos de CO₂ por contenedor de 20 pies. A un precio de 90 dólares la tonelada, eso se traduce en aproximadamente 38 dólares adicionales por contenedor. En un barco que transporta 10.000 contenedores, el costo extra supera los 380.000 dólares por viaje, y ese dinero termina distribuido en las facturas de cada exportador chileno como tú.
La ventaja relativa de los puertos chilenos frente a otros latinos
Aquí aparece un punto que muchos análisis regionales omiten, y donde Chile tiene una historia positiva que contar. Los puertos chilenos han venido incorporando tecnologías de eficiencia energética desde antes de que el impuesto al carbono fuera una amenaza real. San Antonio, por ejemplo, cuenta desde 2023 con un sistema de conexión eléctrica a tierra, conocido como cold ironing, que permite a los buques apagar sus motores auxiliares mientras están atracados, reduciendo las emisiones en puerto entre un 30% y un 40% respecto al promedio sudamericano. Valparaíso, por su parte, ha implementado un programa de gestión de tráfico de naves que reduce los tiempos de espera en rada, y cada hora menos de espera implica menos combustible quemado y menos costo por carbono.
Esta eficiencia relativa se traduce en dólares concretos. Mientras que un exportador de camarón ecuatoriano o de banano costarricense paga el recargo completo por las emisiones generadas en esperas portuarias y maniobras de atraque, tú, como exportador chileno de salmón o vino, ves reducido ese componente gracias a operaciones más limpias. Las navieras ya han comenzado a reflejar esta diferencia en sus tarifas: según datos de tarifas spot manejados por operadores locales, el recargo EU ETS aplicado en rutas desde Chile ha sido entre 8% y 12% más bajo que el aplicado desde puertos como Guayaquil o Santos en condiciones comparables.
Lo que viene y cómo prepararte en dólares
El horizonte cercano muestra dos tendencias clave. La primera es que el precio del carbono en Europa seguirá subiendo. Las proyecciones más conservadoras de la banca de inversión europea ubican el costo por tonelada de CO₂ entre 105 y 115 dólares para finales de 2027, una vez que el esquema alcance el 100% de cobertura. La segunda tendencia es el avance del corredor marítimo verde anunciado entre Valencia y Santos, que ya está siendo monitoreado por la Autoridad Portuaria de Valparaíso como posible modelo para una futura conexión verde con el puerto de Bilbao o Marsella.
Para ti, como exportador chileno, esto exige tres acciones prácticas. Primero, negociar con las navieras que el recargo por carbono aparezca desglosado en dólares por contenedor y no oculto dentro del flete base, para que puedas trasladarlo de manera transparente a tu comprador europeo. Segundo, incorporar en tus contratos de venta a largo plazo una cláusula de ajuste trimestral vinculada al precio del permiso de carbono europeo, con un mecanismo sencillo como “el precio del flete incluirá un recargo equivalente al costo del EU ETS vigente en el mercado spot”. Tercero, aprovechar la ventaja competitiva de los puertos chilenos documentando ante tus compradores europeos las menores emisiones asociadas a tu cadena logística, algo que cada vez más importadores europeos valoran y están dispuestos a pagar.
¿Qué esperar ahora?
El impuesto al carbono en el transporte marítimo no es una moda pasajera ni un impuesto más. Es una reconfiguración de las reglas del comercio global, y Chile, con su infraestructura portuaria relativamente eficiente y su inserción activa en las rutas del Pacífico, está en mejor posición que muchos vecinos para absorberlo y convertirlo en una ventaja. Pero la ventaja no es automática. Requiere que tú, como exportador chileno, entiendas el costo en dólares por contenedor, lo negocies con tus navieras y lo traslades con transparencia a tus compradores europeos. Quien lo haga bien, simplemente pagará el recargo. Quien lo ignore, además de pagarlo, perderá competitividad sin saber por qué.
Fuentes globales: Hapag Lloyd / Reuters / Renewable & Sustainable Energy Reviews
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